Ser fiel a otros y ser fiel a los compromisos
adquiridos tiene como premisa la fidelidad a nosotros mismos, al propio ser. Si
metemos la cabeza nos daremos cuenta que toda infidelidad es un engaño, una
mentira, un cambio de la realidad del propio yo.
La persona infiel ha sido infiel consigo misma porque tiene que dar la espalda a lo más
íntimo de su ser persona, a su bondad natural y a la bondad adquirida.
El infiel tiene que justificar su infidelidad, da
lugar al monólogo interior para llegar a unas componendas consigo mismo, tiene
que argumentarse para vivir en su propia
traición.

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